Ben y Jane – Tercera Parte

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Tras la pequeña “diferencia de opiniones”, Jane sintió que algo dentro de ella se helaba. Como si una parte de ese amor incondicional que sentía por Ben, se congelase al escuchar las palabras “te guste o no”. Denotaba posesión por parte de Ben, y no le daba buena espina.

Jane era un alma libre. Odiaba pensar en el futuro, las imposiciones, sentirse atada u oprimida. Era impulsiva, quizá demasiado, pero no iba a cambiar por nada del mundo. Y ese comentario de Ben, ese “te guste o no”, le había hecho sentirse agobiada. Y vulnerable. Y no le gustaba nada esa sensación. Un sentimiento de congoja se instauró en su corazón, oprimiéndole el pecho e impidiéndole respirar con normalidad.

– ¿Estás bien? – preguntó Ben, preocupado, al ver que el rostro de Jane estaba algo congestionado.

– Sí… Bueno, en realidad, no. No me siento cómoda contigo ahora mismo. – Jane no podía, ni quería, ocultar su malestar.

– ¿Pero qué…? ¡Vamos! – Ben no daba crédito a la reacción de Jane – Solo estoy diciendo que … Bueno, alguna vez habrá que plantearse qué vamos a hacer con nuestras vidas. No he pretendido incomodarte ni ofenderte en ningún momento. Lo siento, Jane.

Pero a Jane ya se le había helado algo por dentro…

– No sé, Ben. ¿Cuánto llevamos juntos? ¿Un año, si es que llega? Y ya me estás diciendo lo que tengo que hacer, me estás agobiando con el futuro, y con el “nosotros”, y… No sé si estoy preparada para esto. No sé si quiero que cuando llevemos juntos más tiempo, este tipo de cosas se conviertan en habituales. No quiero vivir agobiada por el futuro. Ni tener que saber lo que voy a hacer dentro de dos, cuatro o los años que sea. Déjame espacio, Ben. Te lo pido por favor.

Ben se quedó de piedra. Nunca habría imaginado que ese comentario fuera capaz de desencadenar tal paranoia en Jane. ¿”Déjame espacio”? Estaba alucinando. Simplemente alucinando.

– Como quieras, Jane. No quiero agobiarte. No quiero que esto termine… Te quiero. Y quiero lo mejor para ti. Quédate con eso.

Ben se alejó sin saber muy bien qué hacer, si volver al piso de Jane, permanecer a la deriva, o ir hacia la estación y pedir un billete de vuelta a Madrid.

Jane, por su parte, estaba hecha un mar de dudas. Quería a Ben, pero no le gustaba un pelo ese atisbo de ser posesivo que había visto en él, ya no le veía con los mismos ojos… Quizá el espacio le hiciera ver las cosas con más claridad. Quizá se diera cuenta de que había exagerado, de que no era para tanto, y de que quedaría todo en una anécdota que recordarían cuando fueran viejos.

 

Ben

— Continuará —

 

¿Cómo quieres que continúe la historia? Puedes dejar tus comentarios aquí abajo. ¡Nos vemos el domingo que viene!

 

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